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Domingo 25º TO: "No podéis servir a Dios y al dinero"

18 Septiembre 2022

No podéis servir a Dios y al dinero. Tengo un amigo que es alcalde, y me da igual del color político que sea (pues tengo amigos y conocidos que son políticos de distintos colores...). Pero el caso de este señor es muy curioso, porque desde que lo conozco una cosa que le ha caracterizado de su personalidad es el estar atento a los demás y, mucho antes de haber sido alcalde. De hecho, cuando comenzó a trabajar en favor de su pueblo, para mejorarlo, en favor de su gente, de las familias, de las diversas situaciones sociales, económicas, educativas... yo ya le decía: "Tú acabas siendo alcalde de tu pueblo". Y él me decía asustado: "¿Yoooo? ¡Ni por asomo!". Pues eso: hoy es alcalde de su pueblo.

En medio de tanta crítica social hacia los políticos, en medio de diversas situaciones de corrupción, a pesar de la mala fama que creo que gozan hoy los políticos (y/o politólogos, como alguno me diría), este señor ha continuado adelante en su empeño en trabajar en favor de los demás, empleando gran parte de su tiempo (no sólo el estrictamente laboral), usando de una inimaginable paciencia, llevando en sus hombros las continuas críticas y burlas de la oposición, e, incluso, y muy pocos los saben, usando de su propio dinero para solucionar situaciones familiares... ¡Ah! ¡Y se me olvidaba! Es cristiano.

¿Que qué le mueve a este hombre a hacer todo esto? El corazón. Desde luego el dinero no, ni la fama ni el prestigio ni nada por el estilo. Y es lo que hoy escuchamos en este caso que nos habla el Evangelio. Cuando sabemos poner el corazón en Dios, todo lo que hacemos, lo hacemos por amor. Como decía san Francisco: "Nada, pues, impida, nada separe, nada se interponga; nosotros todos, en todas partes, en todo lugar, a toda hora y en todo tiempo, todos los días y continuamente, creamos verdadera y humildemente, y tengamos en el corazón y amemos, honremos, adoremos, sirvamos, alabemos y bendigamos, glorifiquemos y sobreexaltemos, engrandezcamos y demos gracias al altísimo y sumo Dios eterno." 

¡Ah! Y por cierto... tampoco hace falta ser alcalde para amar a Dios y a los hermanos ;) ¡Feliz domingo!

 

Lectura del santo evangelio según san Lucas (16,1-13):

EN aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Un hombre rico tenía un administrador, a quien acusaron ante él de derrochar sus bienes.
Entonces lo llamó y le dijo:
“¿Qué es eso que estoy oyendo de ti? Dame cuenta de tu administración, porque en adelante no podrás seguir administrando».
El administrador se puso a decir para sí:
“¿Qué voy a hacer, pues mi señor me quita la administración? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa”.
Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero:
“¿Cuánto debes a mi amo?”.
Este respondió:
“Cien barriles de aceite”.
Él le dijo:
“Toma tu recibo; aprisa, siéntate y escribe cincuenta”.
Luego dijo a otro:
“Y tú, ¿cuánto debes?”.
Él contestó:
“Cien fanegas de trigo”.
Le dice:
“Toma tu recibo y escribe ochenta”.
Y el amo alabó al administrador injusto, porque había actuado con astucia. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su propia gente que los hijos de la luz.
Y yo os digo: ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.
El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto.
Pues, si no fuisteis fieles en la riqueza injusta, ¿quién os confiará la verdadera? Si no fuisteis fieles en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará?
Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero».