Domingo 2º Cuaresma: "Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo"
Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo. A lo largo de nuestra vida nos hemos dado cuenta que las cosas realmente importantes no se consiguen fácilmente, se requiere tiempo, esfuerzo e ilusión. Todo aquello que merece la pena exige de nosotros sacrificio.
En la Palabra de Dios, el sacrificio del hijo de Abraham, es lo que viene a plantearnos: Abraham, un anciano, que lleva muchos años deseando tener un hijo y cuando por fin Dios cumple su promesa de tener un hijo, le pide que lo sacrifique. El planteamiento que nos hace es la cuestión de si ante un regalo, qué nos quedamos con el regalo o con el regalador. ¿Nos quedamos con lo que contiene un regalo con su papel envuelto o lo que realmente queremos es la persona que nos lo regala? ¿Nos quedamos con lo que Dios nos regala o con Dios mismo?
Y es que a veces queremos la vía rápida, queremos que Dios nos hable por la vía más rápida y de la forma más extraordinario. Y seguimos sin darnos cuenta que una de las características de Dios no es la rapidez, sino el adecuarse al proceso de cada persona. En el Evangelio, Jesús se transfigura y aparece con dos personajes importantes para el judaísmo: Moisés y Elías, pero en cuanto los discípulos manifiestan la tentación de quedarse allí todos a vivir aislados del mundo, resuena esa voz del cielo: Este es mi Hijo, el amado; escuchadlo. Y he ahí la clave: la escucha. Sólo así podremos saber lo que Dios quiere de nosotros. Bajemos de la montaña y mezclémonos con la gente, siendo instrumentos de Dios. Como decía el Papa Francisco hace tiempo: que olamos a oveja.
Lectura del santo evangelio según Marcos 9, 2-10
En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: "Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías." Estaban asustados, y no sabía lo que decía. Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube: "Éste es mi Hijo amado; escuchadlo." De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: "No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos." Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de "resucitar de entre los muertos".




